
Por Ernesto Palma Frías
La intensa dinámica de la vida actual, deteriora las formas en las que nos relacionamos con los demás, dejando de lado la amabilidad, entre otros rasgos de la sana convivencia. De acuerdo con recientes investigaciones psicosociales, el origen de las actitudes carentes de amabilidad, es la pérdida del sentido de la compasión.
La compasión no sólo es merecida por las víctimas inocentes, sino también por los que sufren fracasos, debilidades personales o malas decisiones. La compasión, entonces, implica reconocer y ver claramente el sufrimiento de los demás. También significa sentir bondad hacia los que sufren, lo que detona el deseo de ayudar (de aliviar el sufrimiento). Compasión significa reconocer que el ser humano es imperfecto y frágil.
La compasión hacia uno mismo consiste en desear salud y bienestar y conduce a un comportamiento proactivo (en lugar de pasivo) para mejorar la situación personal. Tener compasión hacia uno mismo no significa creer que mis problemas son más importantes que los tuyos, sino pensar que mis problemas también son importantes y requieren mi atención. Por tanto, en lugar de criticarte por tus errores y tus fracasos, puedes utilizar la experiencia del sufrimiento para ablandar tu corazón.
Puedes deshacerte de las expectativas de perfección poco realistas que te hacen sentir insatisfecho y abrir la puerta a una satisfacción real y duradera. Y todo eso lo conseguirás si te brindas la compasión que necesitas en cada momento.
Al recuperar el sentido de compasión hacia ti mismo y hacia los demás, descubrirás en la amabilidad, una auténtica forma de expresar tu fortaleza interior y tu propia satisfacción y agradecimiento hacia la vida.
